La tiranía de la comunicación

«Muchos ciudadanos estiman que, confortablemente instalados en el sofá de su salón, mirando en la pequeña pantalla una sensacional cascada de acontecimientos a base de imágenes fuertes, violentas y espectaculares, pueden informarse con seriedad. Error mayúsculo. Por tres razones: la primera, porque el periodismo televisivo, estructurado como una ficción, no está hecho para informar sino para distraer; en segundo lugar porque la sucesión rápida de noticias breves y fragmentadas (una veintena por cada telediario) produce un doble efecto negativo de sobreinformación y desinformación; y finalmente, porque querer informarse sin esfuerzo es una ilusión más acorde con el mito publicitario que con la movilización cívica. Informarse cuesta y es a ese precio al que el ciudadano adquiere el derecho a participar inteligentemente en la vida democrática.»

Ignacio Ramonet, La tiranía de la comunicación. Madrid. Debate. 1998.

Donde un toro embiste y otro toro mata

Oda a España

(Preguerra civil)

 

Oh, España, tierra donde

un toro embiste y otro toro mata.

Ebria vuelas, sin rumbo, en las estrellas

que buscan ascender las bocamangas.

 

En las esquinas de la mala muerte

y de la buena vida, la jarana

prosigue a media noche. Acordeones.

Más vino. Aplausos. Bullas. Pitos. Bascas.

 

En la juerga, castrense surge un cura.

Impone bendiciones y medallas.

Se sube en una silla. Arenga al pueblo.

Un general se sube a una batalla.

 

En las arenas del desierto duro,

por el camino de la sed amarga,

multitud de borrachos, contra el viento,

bamboleados en la madrugada.

 

Uno de ellos viste de torero.

Otro se ríe solo. Todos bailan.

En la estepa con viento y hambre antigua,

España balbucida, entrecortada.

Carlos Bousoño, Subida al amor (1945)

Di(re)ccionario

democracia. (Del gr. δημοκρατία).

        1. f. Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno.

2. f. Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado.

  1. f. Gobierno de las grandes empresas y de los medios de comunicación en connivencia con la docilidad ciudadana, que traga o se crispa según se le ordene. Se ejerce mediente marcas comerciales llamadas “partidos políticos”, a los que la ciudadanía narcotizada elige mediante sufragio después de ser presentados ante ellos en campañas electorales planificadas por agencias de publicidad y a los que los electores aman o desprecian como a sus equipos de fútbol de toda la vida o a sus eternos rivales. Es menos perniciosa que otras formas de gobierno.