En er mundo

Hasta aquel momento me habías dado igual, pero los primeros acordes que ofrecieron los músicos poco después de entrar al vagón en Moncloa fueron los del precioso pasodoble, por eso no pude evitar la tentación de sacarte a bailar. ¡Con qué cara me miraste cuando te tendí la mano! Te pusiste colorada, pero aceptaste y, así, comenzamos. Me fijé, mientras te llevaba entre los brazos, en que, al poco, otras personas iban haciendo lo mismo. Se miraban primero, se aceptaban después y, al final, se abrazaban y bailaban: el señor del traje con la señora del chándal, la de verde con el rapero, la del piercing con el del tatuaje, la del peinado kale borroka con el de la camisa rosa Lacoste, el de los ojos azules con el de los labios carnosos y pelo largo, el de las manos grandes con el que llevaba el manual de Derecho Civil abierto por la página 1404, la de las rastas con la de gafas, los unos con los otros.

En sendas sillas de niños -¿recuerdas?-, unos bebés se tocaban mutuamente las manos mientras sus madres disfrutaban de la música, en la parte del solo de saxofón, amablemente abrazadas. Los más tímidos permanecían en los asientos a la espera de alguien que los sacase a bailar, lo cual siempre se producía, bien en una estación, bien en otra. Pasada Avenida de América, todo el vagón era danza al compás de una música feliz y subterránea, y llegar cada uno a su destino era una despedida dolorosa y para siempre.

Nunca he vuelto a ver a aquellos músicos. ¿Y tú? Ahora han puesto televisión en el metro y la gente la mira enfadada mientras escucha cada uno su música en el mp3.

Apotegma

Esa frase tonta, cuya autoría desconozco, que viene a decir que es muy importante conocer la Historia para no repetirla, ¡lo bonita que queda en las carpetas colegiales!

Mirando alrededor, la realidad nos me sugiere que se estudia la Historia en profundidad para poder repetirla lo más fielmente posible.

Contractura electoral

Esta mañana me he levantado con un dolor en la espalda y en el brazo derecho insoportable. He venido a trabajar becaear con el hieratismo de una estatua egipcia. Algunos japoneses, confundiéndome con uno de los colosos de Memnón, me han sacado fotos. La doctora dice que es de algún esfuerzo en frío. Creo que tiene razón: el esfuerzo de votar, que la “fiesta de la democracia” es cada vez más sufrida y un servidor ya no está para juergas, y menos si te dan garrafón, que es lo que nos vienen dando mayormente. Relajante muscular, ajo y agua.