Lenocinio Vivales va a la discoteca

Un día acudió don Lenocinio a una discoteca de alto copete en la que un su amigo de la mili trabajaba como camarero desde hacía unos días, y le había prometido unas copas gratis.

Don Lenocinio se puso muy contento. Incluso le pareció un privilegio y un signo de distinción entrar por la puerta de servicio, la cual daba acceso, primero que a la discoteca, al almacén, estancia en la que sólo los clientes más selectos eran bienvenidos. Como había allí más rayas que en un cuadro de Miró, a don Lenocinio, viendo el festín, le dio por decirle a su amigo el camarero en altísima voz: ¡Joder, cómo viven los ricos!, y luego soltó una carcajada nada discreta. Por este motivo, justo antes de entrar a la discoteca propiamente dicha, los de seguridad lo invitaron a marcharse de allí alegando que aquel lugar no era para groseros ni indecentes como él. Don Lenocinio declinó la invitación por la tercera, como mare, maris. Pero se equivocó, porque la invitación a irse era solamente para él, y mare, maris es parisílabo. Así que, además de darle unas hostias como panes, le pusieron un cero en Latín.

2 comentarios sobre “Lenocinio Vivales va a la discoteca

  1. Yo hubiera hecho lo mismo que los seguratas: la palabra “ricos” es grosera e indocente. Eso los sabemos todos…todos los que somos pobres, quiero decir.

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