Querido Duarte:

 

Andas escocido, por lo que parece. No me seas cínico, que nos conocemos bien. ¿Acaso tú no plagias? ¿No eres tú quien anda soltando alegremente por la red mis desventuras? ¿Me das algo a mí a cambio, que me has convertido en el hazmerreír de ADSLandia? ¿Te he pedido alguna vez explicaciones? Mira que tienes más motivos para estar contento que indignado, así que deja en paz al muchacho —al que probablemente le envidies más la juventud de lo que él te haya enfadado la vanidad— e intercede por él si esto que has liado llegase a suponerle un perjuicio académico grave, que seguro que no lo ha hecho por joder, sino por aprobar. Y agradécele, ante todo, que te haya elegido.

¡Anda que no ha habido ocasiones en que tú mismo has podido ser acusado! Aquellos exámenes que hacías, que tanto se parecían a los de R o a los de D, o aquel tupé y aquellas patillas que le copiabas a Robert Gordon. Las zamoranas que hacías cuando venía el balón, ¿las inventaste tú, tontolculo? Y qué decir de las gilipolleces que les susurrabas a las tías: esas frases que copiabas de aquellos discos que no voy a mencionar por el respeto que me mereces, y que al final te comías tanto como yo, es decir, nada.

Anda, Duartinho, sigue a lo tuyo —a lo mío— y déjate de sonetos y de ovillejos y de crueldades, y mándame 50 euros, que te los devuelvo en cuanto me paguen a mí un dinero que me deben.

Un abrazo de tu amigo

Lenocinio Vivales P.

Un comentario en “Carta de don Lenocinio Vivales

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