La maestra, dictante, ortográfica y puntuacional, tenía voz de perita en dulce —cariño, creo que ya—, boquita de piñón por donde salían las metáforas y las sinécdoques con una cadencia tan así, perdida entre suspiros del poema, que siempre eran los alumnos quienes tenían que esperar por ella. Con la excepción del pequeño Lenocinio Vivales, que, como Dios se había equivocado y lo había nacido zurdo, y como todavía no se daba maña suficiente con la derecha, iba más lento que el resto de sus compañeros.

Un día, mientras les profería a los alumnos aquello de la vaquera de la Finojosa, como veía que el joven Vivales no había pasado todavía del primer verso y ella estaba ya con otros pastores, paró el dictado y le preguntó con la vara: A ver, Lenocinio, que te veo con muy poco interés, dime alguna obra del Marqués de Santillana. Para lo cual no tuvo respuesta el desdichado, aunque sí la obtuvo, ya que pudo oír entre el silencio expectante una voz soplona que le decía: ¡La maté porque era mía!  ¡La maté porque era mía!

La maestra. (Con retintín) A ver, Lenocinio, que es para hoy…

Una voz soplona y susurrante. (Entre el silencio) ¡La maté porque era mía! ¡La maté porque era mía!

Lenocinio Vivales. (Decidido) La maté porque era mía.

La maestra. (Enfurecida) ¿Ah, sí? ¡Ven aquí! ¡Poseso!

Y la bofetada, aunque no sonó a tango, fue igual de dolorosa. Dolorosa para la maestra, pues el niño Vivales, ágil como pocos, poseía unos reflejos tales que le permitieron agacharse nada más vio venir la mano, que acabó golpeando con fiereza inusitada la recia madera de castaño de que estaba hecha una estantería cercana, dando al traste con el belén de plastilina y con las falanges primera y segunda de todos sus dedos.

Ese mismo día, Lenocinio sintió que ya no era un niño y se fue al bar a buscar a su padre. Padre, ya he aprendido todo lo que me tenían que enseñar. Hijo mío, al bar se viene a beber. ¡Un solysombra! Y así dejó nuestro amigo la vida inocente, dio el estirón y se puso a correr mundo, algunas veces de la mano del Maligno. De la mano izquierda.

5 comentarios en “Párvulo

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