Para mí, escribir sin bolígrafo es muy laborioso:

Primero recorto las letras por su contorno, teniendo cuidado de no salirme y de no dejar ningún pico blanco en algún vértice, todo ello esquivando las vampíricas puntas de las tijeras. Recortar una «g» suele llevarme toda una mañana.

Una vez que tengo la suficiente cantidad de letras (necesito miles de cada una por las aliteraciones, además de las dichosas tildes y los otros signos de puntuación) y listo el pegamento, y me dispongo a unirlas  —sílabas, palabras, oraciones, párrafos, libro—, entra un viento por la ventana y las nieva por el despacho. Luego, mientras las recojo y las clasifico de nuevo, envejezco y muero.

Y así todos los días.

6 comentarios en “Verba volant

  1. Querido Duarte:

    Leyendo cuentos como éste, a uno se le quitan las ganas de escribir.
    O por el contrario, le entran unas ganas irreprimibles de hacerlo.
    En esta vida, decidirse es muy complicado.
    Perra envidia.

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