El viajero

El viajero, listos los preparativos, pone como puede el pie en el estribo y se sube a la silla, también como puede. Se acomoda. El viajero agarra las riendas con ganas. En su cara —en su cuerpo entero— se aprecia el deseo de partir otra vez. El viajero ha cruzado montañas e inviernos hasta aquí, se ha enfrentado a lobos hambrientos, ha atravesado ríos, ha escapado de las flechas de Cochise. El viajero no sabe a qué lugar se dirige ni de qué lugar huye. Viaja. Quien viaja, encuentra.

Suena la señal que indica la marcha. Los caballos dan vueltas y los niños van entregando las fichas a la señora. A oídos del viajero llegan amenazadores los ecos de tambores que percuten ritmos de guerra contra el aire de la tardenoche.

4 comentarios sobre “El viajero

  1. “Toda la ironía de dejar la juventud atrás está por tanto implícita en cada feliz momento del viaje: pues uno sabe que la primera alegría nunca puede ser recuperada, y el viajero sabio aprende a no repetir éxitos, sino a probar nuevos sitios siempre”

  2. Aunque más lo quisiera, esto no es mio, sino de Paul Fussel. Léase en su original:

    “All the pathos and irony of leaving one’s youth behind is thus implicit in every joyous moment of travel: one knows that the first joy can never be recovered, and the wise traveler learns not to repeat successes but tries new places all the time.”

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