Recuerdo el día en que comenzaron a hacer el campo de fútbol. Llegaron unas máquinas excavadoras, abrieron un claro entre los matorrales —toxos, uces, xestas e carqueixas— de cien metros de largo por cincuenta y cinco de ancho, lo allanaron bien con una apisonadora y lo cercaron con bloques de cemento. Después trajeron unas porterías de siete treinta de ancho por dos cuarenta de alto y las plantaron  en ambos fondos. Las gradas, de a pie.

Recuerdo el día en que terminaron de hacer el campo de fútbol. No puedo asegurarlo, pero diría que fui de los primeros niños que corrieron su banda derecha, cosa que no puedo decir con respecto a lo de meter el primer gol ni aun el enésimo, ¡ah, los dichosos goles! Después me hice portero. La portería es el lugar idóneo para jugar al fútbol y comerse la merienda a la vez. Hay que tener cuidado, eso sí, de dejarla resguardada cuando atacan los contrarios, no vaya a ser que, además del gol —en caso de haberlo—, se quede uno sin bocadillo. Digo que «en caso de haberlo» porque los contrarios atacaban también con su bocadillo en la mano, y también cuidando de que no se les cayese.

Estuve dando un paseo por allí el otro día.

 campo de fútbol

 

 

 

 

 

 

 

 

Paseé entre los matorrales —toxos, uces, xestas e carqueixas. Algún pardal anida en la maleza.

campo de fútbol_2

 La crisis del campo no es cosa únicamente de invernaderos ni de precios, sino de un dignísimo modo de vida que muere sin auxilio y de un campo —locus amoenus— que se hace selva, sin gentes que lo aren, sin bestias que lo pasten, que lo rumien, sin niños que lo jueguen dejándose la piel entre sus zarzas. Quizás, también, sin esperanza.

Vestigio y memoria de tiempos más poblados.

3 comentarios en “Fútbol y tiempo

  1. Quizás porque me gusta mucho el fútbol, y quizás también, porque me gusta la vida de los pueblos…Por eso, la imagen de un campo de futbol abandonado en un pequeño pueblo me parece el vivo reflejo de la desolación.

  2. a mi no me gusta le futbol pero si me gusta eso de los niños jugando en el campo… se ha perdido eso de jugar en el “potrero” (como decimos en Argentina). ahora se juega en la consola, en el ordenador y con le móvil.
    cambios de una era tecnológica o de estupiedez humana, aún no lo sé.

    besitos

    mr

  3. Lo peor aparece cuando se oye aquello de “mira los pobrecitos niños que no tienen una play para jugar ni pueden ver las películas de Disney porque no tienen televisor, y que no tienen piscina climatizada, y que tienen que entretenerse subiéndose a los árboles, observando la naturaleza, bañándose en los ríos, buscando nidos… O que tienen que construir ellos mismos sus propios juguetes…”.

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