Adolescencia

     Se equivocó el Presidente —se equivocaba. Por ir al norte, fue al sur, creyó que el trigo era agua— cuando afirmó que luchará contra los poderosos, como si el poder fuese malo per se; ignorando que todas las personas somos poderosas, que todas tenemos poder sobre algo o sobre alguien, ignorando que no por ello somos malas, ignorando.

     No es contra los poderosos, sino contra los codiciosos y los avariciosos. También contra los egoístas, personas que suelen ejercer su poder de manera tiránica y despótica, pensando únicamente en su propio beneficio, sin atender a las consecuencias que provoca dicha aplicación del poder. Mala gente que camina  / y va apestando la tierra…

Soluciones al test, en la última página

    Alguien me dio una vez una cita (creo que de Einstein) que venía a decir que un problema no se puede solucionar desde el mismo nivel de conciencia en que dicho problema ha sido creado.

   Ellos, en cambio, siguen inyectándose dinero los unos a los otros. Han buscado, incluso, un verbo médico, un verbo placebo: “inyectar”. En realidad, como se trata de un sistema yonqui, debería decir que se “chutan” dinero. Esta crisis feroz (porque es feroz) es un síndrome de abstinencia.

  Quizás sea más necesaria una solución nacida de la otra dimensión humana. Por ejemplo, ¿siente usted que ha venido al mundo para trabajar tantas horas al día, independientemente del sueldo; para desplazarse tanto; sin tiempo para pensar en sí mismo; sin tiempo para ver qué hay de cierto en lo de cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte, tan callando; sin tiempo para recordar aquel niño de mocos que una vez fue o aquella niña de coletas; sin tiempo para comprender qué tienen en común usted y una lechuga que crece en un huerto a diez mil kilómetros; sin tiempo para mirar la Luna o la constelación de Orión en el mes de enero; sin tiempo para tirar un penalti; sin tiempo para subirse a un árbol; sin tiempo para nadar el mar océano; sin tiempo para echar una mano; sin tiempo para que le metan un buen repaso; sin tiempo, ya, para dar besos y sin tiempo para nada? Usted no nada nada. Es que yo no traje traje.

   Porque, ¿no preferiría hacer la vida que le gustaría, esa que una vez tuvo y que perdió en pos de un falcón, como Calixto?

   ¡No es la Economía, estúpidos! (no va por ustedes, muy amadísimos todos y nada necios). 

   —Duarte, es usted un tolai.

   —Soy los cojones. Eso es lo que soy.