Estamos de acuerdo en parte, admitió don Lenocinio Vivales mientras se limpiaba del bigote unos restos de solysombra que le quedaban. Efectivamente —continuó—, con diez euros podemos comprar el doble de cosas que con cinco; y con dos manos, sí, podemos tocar el doble de teclas de un piano, llevar el doble de bolsas del supermercado o lucir el doble de relojes. ¡Pero no podemos decir, así en general, que con dos manos hacemos el doble de cosas que con una, porque hay cosas que usted jamás haría con la otra mano!

Interrúmpese aquí su razonamiento porque huelgan los ejemplos.

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