Los silencios infantiles son tres: el de cuando duermen, que los ve uno tan acurrucaditos; el de cuando se sacan un moco, que están para comérselos (a ellos, se entiende), y el de cuando están preparando alguna gorda, que es cuando a continuación uno mira al Cielo pidiendo explicaciones y maldiciendo. Clamando, esto es, desencajado el rostro, airado el ánimo.
Y el de cuando no estás en casa, claro. Son cuatro.

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