—Descendió de las nubes y se posó sobre aquella loma, allí. Era un cilindro que parecía metálico. Al poco de aterrizar, se abrió como por arriba y comenzaron a salir unos seres pequeñitos de color verde, todos muy parecidos. ¡Fue como si de repente se abriese sola una lata de guisantes!

El oficial que interrogaba al muchacho, confundido por lo extraño del caso y deseoso, por tanto, de cerrarlo, lo entendió rápidamente: a la hipótesis de un aterrizaje por parte de una civilización extraterrestre se sumaba otra: que una enorme lata de guisantes hubiera aterrizado, y que, de alguna manera inexplicable, vertiese su tierno contenido. Estaban al 50%. Necesitaba nuevas hipótesis. Pensó, miró, calculó. Pasó el tiempo. Logró tener diez. El 10% sigue siendo demasiado. Siguió trabajando, echó los restos y las horas…

Cuando hubo conseguido trescientas mil hipótesis, las posibilidades de ser cada una de ellas cierta habían descendido tanto que lo más lógico fue deducir que sobre aquella loma no había ocurrido nada. Y ya se fueron todos, cada uno a su casa.

Un comentario en “Ovnis y estadística

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