Hay quien me considera raro por ser aficionado al teletexto de TVE. Los sábados y domingos visito las páginas 202 y 204 (resultados en vivo de la jornada de fútbol en Primera y Segunda), y la 218 (resultados de División de Honor de la LNFS). Además, si ha habido motos, leo con gusto las crónicas —siempre anónimas— de las carreras. No sé quién las escribe, a tres párrafos (en cada párrafo de 5 líneas, una cilindrada), pero son un gusto en mi opinión. Si yo tuviese que escribir una novela negra, sin duda el protagonista tendría que ser un talentoso y anónimo redactor de motociclismo para el teletexto de TVE. Sí. Y habría de tener un sueldo miserable y algún que otro vicio. Como compensación, lo dotaría de un enorme miembro viril.

A veces leo también las páginas de noticias. Ayer, en la 103 (Nacional) el último párrafo decía así:

«Por eso, Alfredo Pérez Rubalcaba se ha mostrado convencido de que los etarras estaban pensando en cometer un atentado “muy pronto” y que preparaban una acción inminente».

Se ve claramente que dice la misma cosa dos veces, como si faltase noticia y hubiese que llenar el hueco. O como si el autor pensase que no quedaba claro la primera vez. O tal vez se refería a que estaban preparando dos cosas para ya: un atentado y una acción. El párrafo es un buen ejercicio para alumnos de cualquier nivel: Extraiga la idea principal de este párrafo sin limitación de espacio en la respuesta. Alguno necesitaría varias páginas, seguro.

El caso es que pensando en estas cosas eché el rato y llegué a la conclusión de que decir siempre lo mismo de distinta manera es, en fin, una característica de nuestro tiempo decadente. O, como me dijo el otro día Meursault en la comida, «es como si hubiese la necesidad de alargar las palabras y las frases aunque todo sea redundante, quizás por desconfianza hacia la lengua». Quizás sea así.

Por comparación, el anónimo autor de las crónicas moteras del teletexto  es al periodismo lo que el autor anónimo a la literatura: el ejemplo a seguir.

3 comentarios en “Teletexto

  1. El teletexto, qué reliquia. Sí, señor: un redactor de teletexto sería un buen protagonista de una novela negra. O de un relato existencialista: ahí está el redactor, consciente de que escribe para un formato anticuado, preguntándose si habrá alguien que lo lea (sí: Duarte).

    Sobre las palabras, recuerdo haber dicho algo como “Ya ni el amor es suficiente”. Me refería a la palabra “amor”, claro, pero, de todos modos, suena cursi: “Cuando el amor no basta”. ¡Corín Tellado!

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