Fiesta Nacional

El toro no comprende los motivos ni las artes. Ni las notas del himno (in)mortal de los clarines.  Trajes de oscuras luces, monteras por el mundo, tendidos de narices farloperas, gominas, prostitutas… Siempre un prohombre sentado en la barrera.

El toro muere y purga los pecados de sangre por el suelo; los pecados de quienes, ya borrachos, agitan por el aire sus pañuelos.

Sarkozy

El niño que es gitano —no es explicativa— espera la expulsión junto a su madre. Al padre, «¡Sois todos maleantes!», le gritan desde un blog de delincuentes, y otorgan los periódicos de antes. Explotación del hombre por el hambre. Y al hombro, la huella en carne muerta de la herrumbre cargada en una noche de alumbrados. En un poco de lumbre se calienta; toda su ropa es falsa, y aguarda en el enjambre que amanezca, que inicie el tren la marcha.

Balconing

Mi padre, muerto, yace en un cementerio al que no puedo ir a poner flores: no comprendo el volar de los aviones ni hay motivos de duelo suficientes. Subido a Google Maps sobrevuelo un cementerio americano. Las lápidas, dispuestas en hileras —¿cuál será?—, ocupan la pantalla y rezo. Espero un poco, minimizo, salgo… ¿Qué miras? Nada, un camino cortado.

Quizás un padre o una madre en cualquier sitio de este mundo sientan la necesidad de ver en el último momento a su hijo, que saltó, y se sienten en Youtube, y “click”. Y echen las horas y el resto de sus vidas. Cien mil reproducciones. Como ellos, sé que estas cosas a nadie más importan. Todo es divertimento. Incluso esto que escribo podría no ser cierto…