He leído Irse a Madrid (me faltan tres o cuatro columnas que se me han quedado, pues no he seguido una lectura lineal, sino entresacada). Me ha gustado mucho y he recomendado el libro a mis amistades, y se lo recomiendo también a ustedes.
A mí, de Manuel Jabois (Sanxenxo, 1978), me gustan el punto de vista y la retranca, además de su selección de las palabras. Es uno de los libros más gallegos que he leído nunca aunque esté escrito en castellano.
Dice Elvira Lindo que le «daría mucha lástima que se peinara ese flequillo que le cae sobre la cara, se hiciera mayor y perdiera el punto de vista del joven que considera que, entre todos los desastres que la actualidad le pone ante los ojos, el mayor con diferencia es él mismo».
No me refiero yo a ese punto de vista ni suscribo las palabras de Elvira Lindo. En Irse a Madrid hay mucho hacerse pajas, mucho porno, muchas drogas, mucho alcohol, mucha resaca, mucha vida desordenada, y mucha madre de mi novia que nos hacen reír a carcajadas y que, además, están muy bien narradas (y que, por lo que leo, es lo que más celebra el respetable). Esa parte me ha gustado mucho, y me ha traído buenos recuerdos de mi adolescencia y de mi juventud temprana. Es una parte más literaria en la que Jabois no escribe contra sí mismo, sino que se hace un personaje entrañable, adorable, incluso para la suegra más ortodoxa, que estaría encantada de que Jabois a su hija le etc.
Con ese mismo estilo fresco (es decir, al cabo de la calle) y genial, Jabois ofrece en el libro otras columnas donde ya van apareciendo temas más intemporales y más graves. De momento, en estos asuntos es como si fuese metiendo la puntita con cuidado, como si tuviese miedo de resultar incómodo o de hacer daño, como si no quisiese exponer una idea y defenderla hasta sus últimas consecuencias. Aquí está, en mi opinión, el salto cualitativo que Jabois debe dar (si quiere darlo). Talento y genio le rebosan, e Irse a Madrid nos lo demuestra. Falta que ocurra eso que Elvira Lindo no quiere que ocurra y a lo que Follandeiro tanto lo anima o tanto lo empuja: que se vaya a Madrid, aunque para ello no sea necesario salir de Pontevedra, donde, por cierto, se debe de vivir bastante mejor.

Manuel Jabois (2011), Irse a Madrid. Ed. Pepitas de Calabaza. (204 págs.).

Post scriptum: ¡Qué coño hacen para no haber ido a comprarlo todavía, que está en la FNAC!

 

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