Casi inmediatamente, la realidad cedió en más de un punto. Lo cierto es que anhelaba ceder.

(J. L. Borges, «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius», en El jardín de los senderos que se bifurcan, 1941)

El fútbol, que me gusta mucho —me gustaba mucho más jugarlo— y me levanta ciertas pasiones (tanto en el campo como frente al televisor), no me inspira en absoluto para escribir, y es raro ver en este blog algo que se recree en ello. Otra cosa distinta es el relato que sobre el fútbol se haga, que me lleva a entretenerme mucho con las crónicas de los periódicos y con la visita a algunos blogs, además de ser un objeto de conversación muy frecuente en las sobremesas, que tengo la suerte de compartir con excelentes contertulios que les darían sopas con honda a muchos de los reconocidos analistas de la televisión o de la radio.

De todos es conocida la grandilocuencia del discurso de los medios de comunicación sobre partidos de fútbol, jugadores y entrenadores. Una grandilocuencia que aceptamos ya como natural, como intrínseca, y nos lleva a admitir resignados algo así como que el fútbol no se explicaría sin ella. Esta grandilocuencia discursiva ha alcanzado sus más altas cotas  últimamente con la irrupción del FC Barcelona de Guardiola, equipo ganador que los medios parecen haber adoptado como paradigma de lo que debe ser el fútbol actual. A nadie escapan, por ejemplo, las risibles crónicas de El País, con sus «goles de fresa» de Messi, su infantilización —disneylandización— de los jugadores, su mitificación, etc. Y, por supuesto, sus artículos envenenados y conspiranoicos de culebrón contra lo que representa la oposición a este fútbol idílico: el Real Madrid de Mourinho. Todo esto ya lo vienen explicando muy bien en El relato del fútbol o en El Radio, blog y podcast, respectivamente, de referencia para quienes deseen reflexionar sobre esta cuestión. No tengo nada que añadir a su trabajo genial.

Con el tiempo se ha venido produciendo un movimiento en la «prensa contraria» que reacciona ante este discurso increíble y contradictorio. Se trataba en un principio de una contestación racional, aunque inspirada en blogs de profunda pasión madridista, que dejaba en evidencia punto por punto el discurso entonces casi hegemónico de Prisa. Pero ha pasado más tiempo y uno observa que esa contestación ha cambiado, que se ha contagiado, sobre todo, de la ornamentación exagerada que tanto criticábamos por falsear la realidad y que corre peligro de convertirse en lo mismo. Cuando pensábamos que parecía haber una alternativa a la manera de explicarnos lo que ocurre en un partido de fútbol, nos hemos dado cuenta de que no, de que la evolución ha consistido en corregir la dirección y en aumentar el lirismo. Como bien apunta Meursault, se trata de una guerra dialéctica, retórica, para nada argumentativa. De este modo, contar un partido o sus anécdotas se va pareciendo cada vez más a un tiqui-taca verbal de adjetivos, metáforas, símiles, hipérboles y prosopopeyas. Un tiqui-taca, digo, que consiste, en vez de tocar la pelota, en «tropar» las palabras, en pasear, no el balón eternamente ante la frontal del área, sino las imágenes ante una significación que no llega nunca. Qué importa el gol y qué importa explicar. Exaltación de las emociones, presencia del autor como parte imprescindible de todo este asunto: el «yo», signo y síntoma de nuestro tiempo.

Es una recreación constante y esto nos confirmaría que quizás no sea posible explicar el fútbol sin esa retórica exitosa, sin ese lirismo reverencial, y que tal vez una carrera de ochenta metros de Cristiano, por ejemplo, no sea por sí misma un motivo de emoción si no se rodea de todo lo que, no siendo, bien podría ser al dejar ceder la realidad como hace Borges. Corremos, en cierto modo, el peligro de que nos ocurra lo que a Alonso Quijano cuando vio gigantes los molinos y ejércitos los rebaños. Y no es de extrañar que cualquier día alguien vaya a un campo de fútbol con la intención de presenciar recreada una batalla o, lo que sería peor, con la intención de contemplar ARTE. Y tampoco nos extrañe que, como espectadores, empecemos a ver —los ojos chiribitas— en un futbolista a un Aquiles o a un centauro invencible. O a un pura sangre indomeñable al galope por el escenario de un teatro imposible (la animalización del personaje, sabemos, es una de las características del esperpento). O que ocurra lo peor de todo lo acontecible: que mañana mismo a algún periodista se le vaya todo de las manos y se le escape en su crónica la palabra «amor» y le ponga cerca, para colmo, una rosa.

17 comentarios en “Contar el fútbol

  1. La primera frase del texto me retrata también (y el resto, para qué engañarnos). Hallazgo “El relato del fútbol” : gracias!

  2. ¡Qué grandes partidos, aunque fuesen de patio de colegio, de era, de juveniles o de segunda regional, Manuel!
    ‘El relato del fútbol’ es un blog muy trabajado. Para mí fue también un gran descubrimiento y, desde luego, una sorpresa agradable comprobar cómo existe un trabajo silencioso e intelectual tan cuidadoso. Me pregunto cuántos más blogs así habrá en la red y cuántas cosas buenas nos estaremos perdiendo.
    Un abrazo.

  3. ” Que raro que nunca se le haya echado en cara a Inglaterra haber llenado el mundo de juegos estúpidos, deportes puramente físicos como el fútbol. El fútbol es uno de los mayores crímenes de Inglaterra. El fútbol es popular porque la estupidez es popular.” .
    Me encanta que se cite a Borges en una entrada sobre el fútbol. Demuestra una gran ironía por parte del autor.

    De lo mucho que me ha gustado al entrada da fe mi nombre. Puede usted “clickar” en el mismo.
    Saludos cordiales.

  4. Bienvenido, Sláine.
    Si bien el fútbol está en el fondo de la entrada, quise llamar la atención más sobre el hecho de contar el fútbol, apuntar por encima cómo entiendo que se cuenta y casi intuir que esa lírica (o literatura, más bien) que acompaña las narraciones futbolísticas son irremediables, pues es como si la misma realidad no fuese suficente materia narrable y necesitase un apoyo en el elemento literario.
    Yo suelo ver los partidos de fútbol por internet y en ruso o árabe (lenguas que desconozco completamente), por lo que puedo decir que la locución, a mí, no me aporta gran cosa y que puedo disfrutar igual o más un partido únicamente con el sonido ambiente. En el caso de la narración (escrita), se me vienen a la cabeza las crónicas que se hacían en Regional Preferente entre la SD Chantada y el Lemos, por ejemplo, que uno leía y se enteraba de qué había ocurrido en el partido sin más historia.
    Pero hoy en día todo el mundo tienen acceso al fútbol, de pago o pirata, por lo que las crónicas no se leen con la intención de saber qué ocurrió en un partido, sino que se buscan otras cosas en ellas. Incluso se escriben -creo- con otra intención. Hay ya una confusión entre la crónica y el artículo de opinión también. Para mí este asunto que acabo de apuntar es un tema apasionante, pero tampoco vamos a entretener a los lectores, que ya a estas horas querrán irse a la cama.
    (He pinchado en su nombre y no he entendido nada, pero voy a volver a hacerlo porque me parece que ahí hay mucho).
    Un abrazo.

  5. Con todo y todo el futboll es una pasion!!!! Una contradicción al final las cosas las vemos y escribimos con la pasión!!!!! Muy bien Ud. Escribe entretenido!!!

  6. Buenos Días.
    Me preocuparía, y mucho, que se nos hubiera entendido a la primera.
    Solo bromeaba.
    Lo nuestro no es tanto como denuncia Cota en su soberbio THE ANGLOGALICIAN CUP: El sueño de Polífilo y los Porcos … pero tampoco es menos, como sostiene el Mainporco.
    Insisto en que entrada es muy buena de Ægir.
    Hacía falta un texto así.
    Le felicito.

    Un saludo.

  7. Gracias por la mención, y por añadirme a tu lista.

    La cuestión, como dices, no es qué “ideología futbolística” adopta uno, sino si debería adoptar alguna; yo, personalmente, pienso que no. Ni “gloria al juego de posesión, cumbre del fútbol” ni “viva la verticalidad, mueran el sopor y el tiquitaca”.

    Pero otra cuestión es si es posible despojar el relato del fútbol de toda la retórica (la moral, el estilo, la filosofía, etc.) que lo acompaña. Yo tengo la desagradable sospecha de que no. Pero, al mismo tiempo, creo que un fútbol narrado de forma más desnuda, más sobria, sería también más “épico”.

    Sobre el “contagio” de que hablas, me parece que una cosa es escribir “a la contra” (criticando o analizando otro texto) y otra, escribir un artículo por sí solo. Cuando uno trata de desmontar el artículo de otro, el estilo suele ser mucho más “racional” que literario. De todos modos, me temo que la contestación a la prensa anti-mourinhista nunca se propuso depurar de artificios el relato, sino simplemente construir el suyo propio, de signo contrario.

    1. Muchas gracias a ti por pasarte por aquí.

      Soy, también, de la opinión de que despojar la narración del fútbol de los elementos literarios es prácticamente imposible. Hacen más amena la lectura, le dan belleza e incluyen la emoción. Ahora bien, si ya cualquier narración que se refiera a la realidad va a estar alejada de ella (porque, obviamente, la narración no es el hecho), en estos casos tan retóricos y tan frecuentes debemos, como lectores, estar atentos a que la distancia con la realidad es muy grande y que, por lo tanto, podemos decir que estamos leyendo ya casi una mentira. Yo acepto esa mentira (aceptarla no es creerla). Cómo está formada esa ‘mentira’ -y cómo se construye- es lo que me interesa a mí mucho. Me gustaría poder ganarme la vida estudiándolo.

      Un saludo.

  8. ¡ Canastos y cerveza de jengibre !
    Va a ser usted un magnífico fichaje.
    Me alegro.
    La gente con talento siempre tiene sitio en lo nuestro, sea lo que quiera ser.
    Un saludo.

  9. ¡Qué peste estos de la Anglo! Ni caso Rocky, que si bien es verdad que quieren fichar a los mejores, ni se deje llevar por sus cantos de sirena.

    Lo cierto es que de futbol no saben nada, ni de rugby, literatura, pintura o de ninguna asignatura para sacar oposición. Eso sí, arreglan el país entre cerveza y certeza que da gusto.

    Yo formo parte de la resistencia contra ellos y me va bien

    1. ¡Tareixa, qué alegría verte por aquí!
      Estoy empezando a conocer la Anglogalician Cup y, aunque tu opinión me resulta siempre muy respetable (y a tener en cuenta), a mí me parece que es un blog al que hay que ir. Aunque sea como resistencia (a mí me parecen todos los participantes resistencia de los demás). De momento me estoy pensando el nick…
      Un abrazo, perdida. Me refiero a ‘perdida’ en el espacio, no en la moral, ojo😉

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