“Un crimen contra la humanidad”

Me llamó mucho la atención el revuelo que se formó en Twitter a raíz de esta entrada en el blog de Arcadi Espada. Como el escándalo provenía de gente a la que tengo por juiciosa, y no siendo yo un arcadista precisamente, me froté las manos deseando leerlo para ver por dónde empezaba a darle mamporros. En los comentarios de Twitter se aludía incluso al nazismo, del que, como todos, abomino. Pero he leído el texto en cuestión y debo decir que no le he encontrado motivo de escándalo ni tampoco motivo de apaleamiento al autor. Como no quiero parecer irrespetuoso (o algo peor) a los ojos de quienes se sienten molestos con las palabras de Espada, haré una breve argumentación.

El periodista ataca a la diputada del PP, Beatriz Escudero, de la que dice (no conozco sus declaraciones) que se opone al aborto incluso en casos en que se demuestre  una futura malformación del feto, y propone sobre esta actitud de la diputada que se le aplique alguna variante del delito de crímenes contra la humanidad. Lo justifica indicando que lo que propone la diputada rompe un «consenso» occidental sobre derechos humanos, y refuerza su tesis argumentando que la persona nacida podría, incluso, denunciar a sus propios padres por haberle dado la vida, y que la sociedad, «que habrá de sufragar el coste de los tratamientos»,  por su parte, podría hacer lo mismo por haberle creado el gasto económico que conlleva.
Después mete a Beatriz Escudero en el saco de personas que, defendiendo esta postura antiabortista, «alza la voz histérica cada vez que se plantea la posibilidad de diseñar hijos más inteligentes, más sanos y mejores» (propuesta de eugenesia), y que con su inmovilismo activista tratan de imponer un «diseño eugenésico» de «hijos tontos, enfermos y peores».

Aunque la provocación es evidente, no veo que el revuelo montado esté en consonancia. En mi opinión, hay de fondo un debate ético necesario (y obligatorio, como ciudadanos que somos) que queda lamentablemente oculto, eclipsado, por algo que a Espada le gusta más que el propio debate ético (que, al cabo, es filosófico, y ya se sabe…): el deseo de enfadar y, quizá, cierto sadismo, es posible. Pero todo es exceso verbal. Es el mismo exceso verbal que cuando llama «terroristas» a quienes practican los escraches, con la particularidad de que una buena parte de quienes consideraron aquel exceso apropiado, consideran éste una barbaridad. Ni quien desea tener un hijo a pesar de que se sepa, con seguridad, que va a tener una vida de sufrimiento es un criminal, ni quien acosa el portal de un diputado es un terrorista. Arcadi Espada se muestra en su post como una caricatura de sí mismo (dada la profundidad del asunto, podría haber sido más cuidadoso), pero no es un nazi, no me jodan. No es nada más que eso: caricatura de trazo grueso, no se escandalicen.