Gallinazos

Como hacia las nueve de la mañana llegamos a la ciudad de Santa Ana. Don Mario nos traía con el aire acondicionado puesto desde que salimos de San Salvador, hacía casi dos horas. Aprovechando la disminución de la velocidad, le sugerimos Damián y yo bajar las ventanillas y «refrescarnos» con la brisa.
Entró un aire templado agradable con restos de gasolina mala que me revivió del frío, y contemplé cómodo la ciudad a la izquierda, agradeciendo la lentitud de los escasos semáforos y de las redondas. «¡Qué bellas y apetecibles parecen -¿verdad, don Mario?- las míseras pupuserías cuando les ponen un McDonald’s al lado! ¡Y qué dignidad alcanzan a pesar de la modestia de su estructura de palos o tal vez por ello!».
Dejamos atrás la ciudad e interrumpió don Mario la conversación sobre pupusas para decirnos, mientras subía la ventanilla, «ahora sí, permítanme que cierre y pongamos el aire, que el olor que va a venir es insoportable». Al poco estábamos a la altura del botadero de Santa Ana.

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A un lado de la carrertera se levantaba un túmulo coronado por multitud de bolsas y repelentes gallinazos que competían contra las personas que allí malviven por la basura. «¡Ahí estuve yo, Damián! ¡Ahí dentro, Duarte!, recorriendo el botadero, caminando entre las chabolas de cartón. Todo es basura, es una inmensidad de basura. Yo iba con miedo al pisar, y veía a la gente que vive ahí buscando entre la porquería cómo le daban la vuelta a la basura y rompían las bolsas. Todos: hombres, mujeres y niños. Es terrible. Esto es el peor lugar del mundo. Esto nunca lo vieron ustedes». Nos contó que había entrado al botadero guiando a unos señores ingenieros, los cuales estaban estudiando la posibilidad de construir allí una planta de extracción de metano para aprovechar el gas que con los años habían ido produciendo las capas -toneladas diarias- de basura y tierra que lo conforman. «Pero la gente no quiso irse del botadero. No sé qué les ofrecieron las autoridades, pero al final esta gente, fuera de aquí, no tiene nada, nadie se ocupa de ellos».
Entre esta y otras conversaciones, llegamos a la frontera con Guatemala. «Cuando les pregunten a dónde van, díganles que van a Copán. A Copán, Honduras».

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2 respuestas a Gallinazos

  1. Kesalkuat dijo:

    Interesante que aún sientas nostalgia y escribas sobre este país!

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