Pensando en las musarañas

No hace mucho vi un documental en el que se hablaba de la musaraña. Salía de su madriguera por la noche en busca de comida sin parar. Y recordé mi primer año de carrera en Santiago de Compostela, mi único año en Santiago, y recordé cómo algunas noches del fin de semana yo salía, también, del piso solitario y frío a pasear, a veces bajo la lluvia. Solía quedarme solo el fin de semana, envidiando —no, no creo que fuese envidia— a mis otros tres compañeros, que los viernes regresaban a casa con sus padres; envidiando —no, no creo que fuese envidia— que estaban con ellos sentados en el sofá de su cuarto de estar; envidiando —no, no creo que fuese envidia— el calor de los hogares; envidiando —no, no creo que fuese envidia— la televisión en color; envidiando —no, no creo que fuese envidia— una paella o una empanada o un filete frito con mucho ajo frito y con patatas fritas.

A mí me llegaban, siempre tarde, las 16.250 pesetas que me mandaban por transferencia para pagar mi cuarta parte de piso, y un poco más para ir tirando, para ir tirando un poco. Y ya era mucho. Soledad, soledad, soledad que me acompañas.

La musaraña salía en el documental a buscar el sustento cotidiano, y recordé mis paseos nocturnos por las calles de Santiago buscando, como la musaraña, en las aceras, entre los coches aparcados, bajo los bancos de algún parque, alguna moneda perdida, algún billete. Y a veces encontraba lo suficiente para una barra de pan o para tomar un café o para comprar Ducados. ¡Qué placer aquel paquete de tabaco nuevo, qué placer aquel café en el Jocar con mi paquete de tabaco nuevo y su televisor en color! Paseaba pensando a veces en las musarañas o en pedir o en robar. Pensando, pensando, pensando todo el rato y sin dejar de mirar al suelo.

Hoy recuerdo aquellos meses con una sonrisa sincera: todo estaba entonces por hacer y yo era joven.

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3 respuestas a Pensando en las musarañas

  1. ¡Muy bonito, Eduardo! Ojalá que ese calor y esas atenciones que entonces te faltaron hallan quedado colmados con creces en tu vida actual… Un besito

  2. Muchas gracias, Ana.
    Jodorowsky, en una entrevista que le vi una vez (no es un autor que me llame la atención y apenas lo conozco, pero sí me gusta escuchar sus reflexiones), hablaba de cómo momentos de su vida muy duros -durísimos, como la muerte de un hijo, entre otros- le habían ocurrido ‘para bien’, pues, asumido el dolor, le habían ayudado a aceptar mejor la vida y a aceptarse a sí mismo.
    Si me considero una persona razonablemente feliz es, sin duda, porque los acontecimientos de mi vida así lo han hecho posible.
    Besos mil.

  3. Kesalkuat dijo:

    Jajajajaj con solo que no sea musaraña.?

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