Cuento infantil

La niña dibujó sobre el folio un paisaje. Un paisaje de niña pequeña, de formas torpes y de escalas dispares, pero un paisaje sereno, con su cielo azul, con sus árboles, con sus casas y su río. Después tomó pintura blanca, y con un pincel lo cubrió todo hasta que el dibujo desapareció. Una vez seca la pintura, agarró nuevamente sus lápices y dibujó unas flores preciosas; unas, en un jarrón; otras, naciendo de un suelo verde, con mariposas y abejas; vida. Al rato cogió la pintura negra y tapó de nuevo el dibujo que había hecho. Ya está terminado, dijo en voz alta.
¿Acaso no te gustaba ninguno de los dos dibujos?, le pregunté curioso.
Sí, los dos me gustaban mucho, respondió segura.
¿Entonces, por qué los has borrado?, dije sorprendido.
No los he borrado —contestó más segura todavía—; siguen estando ahí, pero son un secreto.