Entrar por la penumbra de tu falda

© Mario De Biasi

Quitarte los zapatos y las medias.
Los dedos de tus pies
y tus tobillos. Y mi lengua
y tus piernas depiladas…
Y tus rodillas.
Y subir por tus muslos de gallina
y entrar por la penumbra de tu falda.
Y tú:
No, no llevo bragas.

DM

Pasando

© Alfred Cheney Johnston

Los días, el tiempo, la vida, todo va pasando, pasando,
pasando, pasando, pasando, pasando, pasando,
pasando, pasando, pasando, pasando,
pasando, pasando, pasando,
pasando, pasando,
pasando.
No eres tú quien se irá.
Eres tú quien se queda,
quien se va quedando, quedando, quedando…

Estoy tan sola

© Werner Branz

AUTORRETRATO

Me llamo Soledad y estoy soltera,
quiero decir
que voy sola al abogado, al médico
y consumo mi vida
de ventanilla en ventanilla,
en esa lenta droga llamada burocracia.
Tengo dos hijos
a los que educo para hombres,
en la medida que una mujer
puede hacer hombres.
Tengo veintiséis años
y, a veces, enfermo de ternura.
Estoy tan sola,
que alguna vez, me paro ante el espejo
y me sonrío.
Otras veces, para no enloquecer,
me coloco las pestañas postizas,
los lunares,
me encajo la sonrisa
y ensayo
el pequeño suicidio del diálogo.
Todas las madrugadas
recibo la visita de un extraño
—siempre el mismo—
al que caliento la cama hace ocho años.
Solo por esto me mantiene.

Elvira Daudet, Crónicas de una tristeza (1971).