Toda la diversión se apagó

XI

Después de aquel sueño, de aquella reunión tan triste, toda la diversión se apagó; se apagaron las risas y los festejos, porque la situación en Madrid empezó a ponerse alarmante por la guerra. La gente de derechas empezó a asaltar a los obreros; los domingos, cuando salían a las afueras de la ciudad, los emboscaban quiténdoles el jornal y maltratándolos. Lo mismo hacían con los niños voceros que vendían periódicos de izquierdas por la calle. Por aquellos días, Alberti se destacó como comunista. Durante los últimos tiempos no había asistido a las reuniones en nuestra casa, porque en la suya juntaba a comunistas de todo el mundo para hablar de política. Así como se iba a casa de Aleixandre a pasarlo bien, se iba a casa de Rafael a hablar de política. Alberti se comportó con nosotros de manera muy desleal y desagradable, ya que un día se le ocurrió tomar los nombres de Aleixandre, Cernuda, Moreno Villa, el de Manolo [Altolaguirre] y el mío para incluirnos en un manifiesto comunista para el cual necesitaba el apoyo de los escritores. Lo tomó, poniéndonos en peligro, sin que ninguno de nosotros estuviera de acuerdo con la infiltración de la ideología comunista en España.

Una mañana muy temprano fue García Lorca a nuestra casa; quería estar a solas con Manolo y conmigo; se le veía triste y pensativo, en comparación a su carácter de siempre, alegre, yendo a casa a buscar gente. Estuvimos juntos toda la mañana y salió diciendo, muy amable,:«¡Adiós, adiós…!». Yo salí a despedirlo a la puerta y me dijo: «Concha, habrá un concurso de teatro en el que voy a formar parte del jurado, y seguro que el premio será para ti, por tu Carbón y la rosa». Aún hoy no he podido olvidar aquellas palabras cariñosas de Federico, fue la última vez que lo vi. Ese mismo día, por la noche, fuimos a la embajada de Chile; estábamos esperando a Federico cuando llegó Rafael Martínez Nadal, que era su mejor amigo, para decirnos que lo acababa de dejar en el tren rumbo a Granada.

Paloma Ulacia Altolaguirre. Concha Méndez. Memorias habladas, memorias armadas. Ed. Renacimiento (2018)

Sencillez, espontaneidad

concha-mc3a9ndez.jpgCreo que fue en Los Complementarios en donde Antonio Machado dijo algo así como que la palabra escrita le cansaba si no le recordaba a la palabra hablada, a la espontaneidad de la palabra hablada.

Me gusta mucho este poema de Concha Méndez (1898-1986), poeta del ámbito de la Generación del 27 (no suele figurar en las antologías de este grupo, las cuales, por lo general, se centran exclusivamente en los hombres). Sencillez y sensación de espontaneidad, que no están reñidas con la expresión de un sentimiento profundo. Quizás, mejor dicho, sean necesarias para la expresión de un sentimiento profundo.

Concha Méndez, Poemas y sueños (1944).