Notas rápidas sobre mi existencia en este siglo.

Comprended que no quiera vivir ni aquí ni ahora.
Mi mundo se acabó hace ya algunos años,
y vivo más por obligación
—criar una familia, pagar una hipoteca—
que por las ganas de seguir
hacia adelante.
¡Fue todo tan bonito a pesar del dolor!

Este mundo que piso,
en el que nada es verdad y a casi nadie importa
que todo sea mentira;
este mundo, profecía cumplida,
no es ya el mío ni me deja recuerdos.

Permitid que lo habite como un fantasma habita
las ruinas de una casa en la que fue feliz.
Dejadme vivir en los escombros.
No necesito más.
Quedaos con el resto, con el hoy y el mañana,
todo para vosotros,
metedlo donde os quepa,
dadle «like» y «me gusta»,
podéis ponerlo en Facebook,
haced lo que sepáis.

¡Dejadme!
Yo seré silencioso, no os meteré miedo, no asustaré a los niños
—¿queda algún pacifista, algún hippie hoy en día?—
Soy un fantasma bueno, un espíritu antiguo
ya para los modernos habitantes de ahora,
jóvenes de este siglo que empieza, que aborrezco.

(Sierra de Madrid, 24 de noviembre de 2019)

Aquí, en España

Michael David Adams
© Michael David Adams

«The basic tool for the manipulation of reality is the manipulation of words. If you can control the meaning of words, you can control the people who must use the words».
(Philip K. Dick)

 

La gente que nos gobierna, o, más certeramente, la gente (fundamentalmente si usa redes sociales), debería ser consciente del poder que tienen las palabras de la misma manera que es consciente del poder que tienen las armas de fuego. No decir, no matar. La paz está también —y sobre todo— en el silencio. Contenerse ante una idea como uno se contiene ante ante otra copa de vino, como uno se contiene ante las caderas desnundas que le han de llevar al abismo.
Los poetas —¡cuánta contención, cuánto silencio  hay en un poema!— quizás sean las personas más sensatas del mundo. Los poetas son las personas a las que menos caso se les hace.

Pasando

© Alfred Cheney Johnston

Los días, el tiempo, la vida, todo va pasando, pasando,
pasando, pasando, pasando, pasando, pasando,
pasando, pasando, pasando, pasando,
pasando, pasando, pasando,
pasando, pasando,
pasando.
No eres tú quien se irá.
Eres tú quien se queda,
quien se va quedando, quedando, quedando…

Café

Voy a moler café. Voy a hacer café. A veces no me lo tomo; otras, sí. Pero me gusta que la casa huela a café por la noche. El olor a café es un contexto. El olor a café, como la claridad de aquel gran poeta en aquellos dos versos, «ocupa las cosas haciendo de ellas vida», o algo así escribió, no exactamente así, pero así.

El café. Yo no sabía cómo era la planta del café hasta que la vi en los cerros centroamericanos, en aquellos cerros de los terratenientes cultivados por manos pobres, modestas. El café le ganó el sitio a la selva y al añil.

Me gusta tocar los granos del café con mis manos antes de molerlos, llevármelos a la nariz, olerlos, buscando el aire de su origen, respirando aquel aire de aquellos cerros dominados por el sudor de hombres y mujeres; tocar con mis manos los mismos granos que tocaron aquellos dedos de gentes humildes y olvidadas que aquí, en España, en esta mierda de país, insultamos burlándonos de su forma de hablar, de su seseo, de la tez de su piel, de sus costumbres. El español paleto, el «chele» gilipollas que hace nada dormía sobre un haz de pajas y freía las patatas en el sebo derretido de los cerdos.

La cafetera suena sobre el fuego vitrocerámico, que no es fuego. Hemos, también, perdido el fuego. Comienza el olor por la cocina, se propaga. Tomaré un libro, tal vez de Roque Dalton o de Brenda Gallegos. Hoy me apetece escaparme de esta España de dos bandos, de esta España de dos rebaños de carneros testaraces, de cuernos retorcidos, de alma podre y de peores intenciones. De esta mierda de España, ya sin hambre, completamente ociosa y depravada, de esta España de españoles a los que el sumidero de la Historia aguarda.

Sensación

Harto como me encuentro de mantener
la pose interesante,
cansado de dar brillo
a lo que sólo es mediocre
y aburrido,
y envuelto ya de un aire mortuorio
de todo lo que ha ido muriendo,
que es tanto y fue tan poco,
quiero darme la vuelta
y tirar los pantalones hacia abajo,
y enseñaros el culo,
también harto él de estar sentado
escribiendo bobadas como esta.
He aquí mi verdad.
Era todo mentira
lo demás.