Sinencambio

Si yo tuviese que escribir un libro, tendría que titularse Sinencambio. No muy grande de tamaño que no pudieses sujetarlo al caminar, pero no tan pequeño como para que una mano —o poco más— le fuera suficiente.  Sería un libro para llevar entre el brazo y el torso, como en un abrazo. O contra el pecho, como en un beso. Rígido y de cierta gravedad, es decir, de cierto peso, quizás un poco incómodo, sí.

Por dentro, alejado del estilo culto y erudito, en su sencillez tendría que ser bello como un hombre de campo cuando exprime las uvas en su boca, sediento del trabajo, ardido del sol, apoyado en su azada. Bello como una mujer que te anota su teléfono en un pósit con un boli que no pinta y se pone nerviosa y colorada.

Tendría que enfadar a gramáticos y escandalizar a académicos, pero gustar al resto, y estar escrito, en fin, en la lengua olvidada de los pueblos.

Ovnis y estadística

—Descendió de las nubes y se posó sobre aquella loma, allí. Era un cilindro que parecía metálico. Al poco de aterrizar, se abrió como por arriba y comenzaron a salir unos seres pequeñitos de color verde, todos muy parecidos. ¡Fue como si de repente se abriese sola una lata de guisantes!

El oficial que interrogaba al muchacho, confundido por lo extraño del caso y deseoso, por tanto, de cerrarlo, lo entendió rápidamente: a la hipótesis de un aterrizaje por parte de una civilización extraterrestre se sumaba otra: que una enorme lata de guisantes hubiera aterrizado, y que, de alguna manera inexplicable, vertiese su tierno contenido. Estaban al 50%. Necesitaba nuevas hipótesis. Pensó, miró, calculó. Pasó el tiempo. Logró tener diez. El 10% sigue siendo demasiado. Siguió trabajando, echó los restos y las horas…

Cuando hubo conseguido trescientas mil hipótesis, las posibilidades de ser cada una de ellas cierta habían descendido tanto que lo más lógico fue deducir que sobre aquella loma no había ocurrido nada. Y ya se fueron todos, cada uno a su casa.

Se me dás un bico

Se me dás un bico, levas unha bofetada. Pero tamén levas bico. E se non mo dás, enfádome e inda levas outra por andares con díxome-díxome. Elixe. Elixo bico, ¡ei, lume negra que me arde no peito! ¡Quita a man de aí! Vas cobrar ben, xa cho dixen…

sms

Escribirte el sms no me resulta nada complicado a pesar de mis dedos obscenos. Con la práctica, incluso, he llegado a escribir rapidísimo. Pero se me va la noche entera en decidir si te lo envío o no, y al final nunca te lo envío y ando por ahí muerto de sueño.