Vi caras que la tumba desde hace tiempo esconde

© Sakiko Nomura

Midnight Dreams

Anoche, estando solo y ya medio dormido,
mis sueños de otras épocas se me han aparecido.

Los sueños de esperanzas, de glorias, de alegrías
y de felicidades que nunca han sido mías,

se fueron acercando en lentas procesiones
y de la alcoba oscura poblaron los rincones.

Hubo un silencio grave en todo el aposento
y en el reloj la péndola detúvose al momento.

La fragancia indecisa de un olor olvidado,
llegó como un fantasma y me habló del pasado.

Vi caras que la tumba desde hace tiempo esconde.
Y oí voces oídas ya no recuerdo dónde.

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Los sueños se acercaron y me vieron dormido,
se fueron alejando, sin hacerme rüido

y sin pisar los hilos sedosos de la alfombra,
y fueron deshaciéndose y hundiéndose en la sombra.

(José Asunción Silva, Bogotá, 1865-1896)

Y quisiera no encontrarte

© Radoslaw Pujan

Quisiera verte y no verte,
quisiera hablarte y no hablarte;
quisiera encontrarte a solas
y quisiera no encontrarte.

Copla popular, citada por A. Machado en Juan de Mairena. Sentencias, donaires y apuntes de un profesor apócrifo (1936).

Devia ter amado e não amei…

© Luiz Garrido (retrato de Virgínia Vitorino)

Renúncia

Fui nova, mas fui triste… Só eu sei
Como passou por mim a mocidade…
Cantar era o dever da minha idade,
Devia ter cantado e não cantei…

Fui bela… Fui amada e desprezei…
Não quis beber o filtro da ansiedade.
Amar era o destino, a claridade…
Devia ter amado e não amei…

Ai de mim…! Nem saudades, nem desejos…
Nem cinzas mortas… Nem calor de beijos…
Eu nada soube, eu nada quis prender…

E o que me resta?! Uma amargura infinda…
Ver que é, para morrer, tão cedo ainda…
E que é tão tarde já, para viver…!

(Virgínia Vitorino, 1895-1967)

Renuncia
Fui joven, pero fui triste… Sólo yo sé/Cómo pasó por mí la juventud…/Cantar era el deber de mi edad…/Debí haber cantado y no canté./Fui bella… fui amada y desprecié…/No quise beber el filtro de la ansiedad./Amar era el destino, la claridad…/Debí haber amado y no amé…/¡Ay de mí…! Ni saudades ni deseos…/Ni cenizas muertas… Ni calor de besos…/Yo nada supe, yo nada quise agarrar…/¿Y qué me queda? Una amargura sin fin…/Comprobar que, para morir, es todavía pronto…/¡Y que es tan tarde ya para vivir…!
(Traducción de Duarte Manzalvos)

Estoy tan sola

© Werner Branz

AUTORRETRATO

Me llamo Soledad y estoy soltera,
quiero decir
que voy sola al abogado, al médico
y consumo mi vida
de ventanilla en ventanilla,
en esa lenta droga llamada burocracia.
Tengo dos hijos
a los que educo para hombres,
en la medida que una mujer
puede hacer hombres.
Tengo veintiséis años
y, a veces, enfermo de ternura.
Estoy tan sola,
que alguna vez, me paro ante el espejo
y me sonrío.
Otras veces, para no enloquecer,
me coloco las pestañas postizas,
los lunares,
me encajo la sonrisa
y ensayo
el pequeño suicidio del diálogo.
Todas las madrugadas
recibo la visita de un extraño
—siempre el mismo—
al que caliento la cama hace ocho años.
Solo por esto me mantiene.

Elvira Daudet, Crónicas de una tristeza (1971).