Devia ter amado e não amei…

© Luiz Garrido (retrato de Virgínia Vitorino)

Renúncia

Fui nova, mas fui triste… Só eu sei
Como passou por mim a mocidade…
Cantar era o dever da minha idade,
Devia ter cantado e não cantei…

Fui bela… Fui amada e desprezei…
Não quis beber o filtro da ansiedade.
Amar era o destino, a claridade…
Devia ter amado e não amei…

Ai de mim…! Nem saudades, nem desejos…
Nem cinzas mortas… Nem calor de beijos…
Eu nada soube, eu nada quis prender…

E o que me resta?! Uma amargura infinda…
Ver que é, para morrer, tão cedo ainda…
E que é tão tarde já, para viver…!

(Virgínia Vitorino, 1895-1967)

Renuncia
Fui joven, pero fui triste… Sólo yo sé/Cómo pasó por mí la juventud…/Cantar era el deber de mi edad…/Debí haber cantado y no canté./Fui bella… fui amada y desprecié…/No quise beber el filtro de la ansiedad./Amar era el destino, la claridad…/Debí haber amado y no amé…/¡Ay de mí…! Ni saudades ni deseos…/Ni cenizas muertas… Ni calor de besos…/Yo nada supe, yo nada quise agarrar…/¿Y qué me queda? Una amargura sin fin…/Comprobar que, para morir, es todavía pronto…/¡Y que es tan tarde ya para vivir…!
(Traducción de Duarte Manzalvos)

Estoy tan sola

© Werner Branz

AUTORRETRATO

Me llamo Soledad y estoy soltera,
quiero decir
que voy sola al abogado, al médico
y consumo mi vida
de ventanilla en ventanilla,
en esa lenta droga llamada burocracia.
Tengo dos hijos
a los que educo para hombres,
en la medida que una mujer
puede hacer hombres.
Tengo veintiséis años
y, a veces, enfermo de ternura.
Estoy tan sola,
que alguna vez, me paro ante el espejo
y me sonrío.
Otras veces, para no enloquecer,
me coloco las pestañas postizas,
los lunares,
me encajo la sonrisa
y ensayo
el pequeño suicidio del diálogo.
Todas las madrugadas
recibo la visita de un extraño
—siempre el mismo—
al que caliento la cama hace ocho años.
Solo por esto me mantiene.

Elvira Daudet, Crónicas de una tristeza (1971).

Hasta apagar mi cuerpo

©Jean-Philippe Charbonnier.
Femme nue (1970)

MIS AMORES
(Fragmento, en El rosario de Eros)

Si has muerto,
mi pena enlutará la alcoba plenamente,
y estrecharé tu sombra hasta apagar mi cuerpo.
Y en el silencio ahondado de tiniebla,
y en la tiniebla ahondada de silencio,
nos velará llorando, llorando hasta morirse,
nuestro hijo: el recuerdo.

Delmira Agustini (Uruguay, 1886-1914)

Escribiste un poema

© Judy Dater

ÉXITO DE UN POEMA
Escribiste un poema a fin de cautivar
a una muchacha y el resultado fue
que la muchacha se enamoró perdidamente
del mensajero que le entregó el poema.
José Agustín Goytisolo, Sobre las circunstancias (1983).

Si de verdad se prendieron

© Rennie Ellis

Los fuegos que en mí encendieron
los mis amores passados,
nunca matallos pudieron
las lágrimas que salieron
de los mis ojos cuitados;
pues no por poco llorar,
que mis llantos muchos fueron,
mas no se pueden matar
los fuegos de bien amar
si de verdad se prendieron.

Jorge Manrique (1440-1479)