Día de la Mujer Trabajadora

Ser mujer y, además, trabajadora. Son dos cosas compatibles, y es justo que la sociedad vaya por ese camino, y que vaya rápido.

Ser madre y, además, trabajadora. Son dos cosas poco compatibles, sobre todo durante los primeros años, durante los cinco o seis primeros años, en mi opinión. En España son compatibles estas cosas durante dieciséis semanas.

Si yo fuese madre, tendría un conflicto constante para decidir qué faceta debería pesar más en la balanza: “Mejor los hijos, pero hace falta el dinero”. “El dinero hace falta, pero pero mis hijos necesitan más mi compañía”.

No digo lo de “Me estoy perdiendo su infancia” porque eso no es exclusivo de las madres. También los padres, abuelos, tíos, etc. Yo me refiero a ser madre.

Podremos ganar la Eurocopa y el Mundial, podremos ser una economía fuerte (en fin) o entrar en el G20. Pero eso no nos hace mejores ni más felices.

Los silencios infantiles

Los silencios infantiles son tres: el de cuando duermen, que los ve uno tan acurrucaditos; el de cuando se sacan un moco, que están para comérselos (a ellos, se entiende), y el de cuando están preparando alguna gorda, que es cuando a continuación uno mira al Cielo pidiendo explicaciones y maldiciendo. Clamando, esto es, desencajado el rostro, airado el ánimo.
Y el de cuando no estás en casa, claro. Son cuatro.

«Los caballos negros son. Las herraduras son negras»

¿Viva la GC?

Porque, claro, cuando un etarra denuncia haber sido torturado, cabe preguntarse: ¿Creo a la Autoridad o a un terrorista?

En este caso la pregunta, a mi juicio, es: ¿Creo a la Autoridad o a un inocente?

Quizás (digo “quizás”), las imágenes que le hayan obligado a ver lo acompañen el resto de su vida, quizás lo despierten en mitad de la noche, de todas las noches que consiga dormir, sudoroso; quizás no puedan los buenos recuerdos ni las felices fotografías que conserve sobreponerse a esas malditas, míseras e indecentes fotografías de una niña descuartizada después de una autopsia. Quizás los torturadores estén ahora tranquilamente en sus casas pensando que han cumplido con su deber y, quizás, cenen marisco en Nochebuena; quizás brinden con buenos licores y quizás les pidan a los Reyes Magos algún regalo por haberlo merecido.

Es un extraño Estado de Derecho.

Memoria histórica

Pocos son los recuerdos que tengo de hasta la edad de cuatro años. Un burro enorme de color rojo, una olla llena de albóndigas, una manta de cuadros verdes y negros, una pesadilla inexplicable, algún olor, poco más, no lo recuerdo.

Uno sabe que de estos cuatro primeros años —dos en el caso de ella— apenas se acordarán más adelante, quizás instantáneas desenfocadas difíciles de fechar, quizás irreconocibles. Y sin embargo…

En mi memoria adulta, donde no hay ya lugar para el olvido, guardo emocionado sus cosas, los mejores momentos de mi vida.

Guiomar

Guiomar ha nacido. ¡Es tan guapa! ¡Es tan bonita!

Ayer, a las 14:25, en el Hospital de El Escorial. Todo fue fenomenal. Es igualita que Adriano.

Verla nacer a ella y ver a V parir sigue siendo algo que todavía se me escapa de las palabras y de la sintaxis. A ver si algún día…