Haciendo el amor

Edward Weston, ‘Nude’ (1925)

 

El culo de los ángeles

Una cosa que conviene, haciendo el amor, es introducir el dedo anular en el recto de la mujer. Esto contribuye, naturalmente, a estrechar la vagina y magnificar el falo, con lo que ambos contrayentes tienen copulaciones mucho más felices. Aparte el aliciente erótico de la transgresión o penetración imprevista por vía insospechada (no siempre). Puede probarse con el dedo corazón, en vez del anular, pero suele resultar demasiado grueso. El meñique es demasiado fino y el índice da a la maniobra un gesto como indicativo o rigorista que resulta un tanto innecesario o inconveniente. El dedo pulgar se ha probado que es sencillamente desgarrante.

Tampoco es aconsejable la variante de ir deslizando sucesivamente todos los dedos de la mano dentro del recto femenino, porque esto le da a la operación un carácter de concierto de ocarina que diluye lo transgresivo en la vaguedad de lo musical. El dedo anular es el que mejor explora y llena el conducto, y proporciona al hombre la confortabilidad suplementaria de comprobar lo tersas y escuetas que son ellas por dentro, incluso en esa cañería postrimera. Contra la idea cristalina de la mujer-cloaca fementida, la práctica demuestra cada día que la mujer es limpia, aséptica y a veces como de plástico, con muchas menos excrecencias de humanidad que el hombre.

Esta práctica manual que aquí aconsejo es como meter el dedo en el culo de un ángel.

Francisco Umbral, Obra poética (1981-2001). Seix Barral. 2009.