Estoy tan sola

© Werner Branz

AUTORRETRATO

Me llamo Soledad y estoy soltera,
quiero decir
que voy sola al abogado, al médico
y consumo mi vida
de ventanilla en ventanilla,
en esa lenta droga llamada burocracia.
Tengo dos hijos
a los que educo para hombres,
en la medida que una mujer
puede hacer hombres.
Tengo veintiséis años
y, a veces, enfermo de ternura.
Estoy tan sola,
que alguna vez, me paro ante el espejo
y me sonrío.
Otras veces, para no enloquecer,
me coloco las pestañas postizas,
los lunares,
me encajo la sonrisa
y ensayo
el pequeño suicidio del diálogo.
Todas las madrugadas
recibo la visita de un extraño
—siempre el mismo—
al que caliento la cama hace ocho años.
Solo por esto me mantiene.

Elvira Daudet, Crónicas de una tristeza (1971).

Para limpiar el pus de las heridas

'Amy' - Another November
© Laura Stevens

SIMPLEMENTE UN CUENTO

Me estoy quedando a solas con la muerte,
que recorre la casa mientras finjo que duermo.
A veces me contempla dulcemente,
como una madre al borde de mi cama,
y para no arrojarme de bruces en sus brazos
invento que alguien me necesita urgentemente.
Unas veces soy pan para el hambriento;
otras, sonrisa y algodón
para limpiar el pus de las heridas,
o simplemente un cuento
para dormir a un niño de la calle.
Y después soy un sueño, el vino y la guitarra,
para espantar el miedo del parado;
soy los ojos, la luz para los ciegos,
la esperanza para el desesperado,
una estrella en la noche más oscura
o nieve pura en medio del desierto.
Así engaño a la muerte y sigo viva.

Elvira Daudet, Del amor y sus frutos amargos (Antología 1956-2016). Bartleby Editores. 2017.

Elvira Daudet