Mariposa de un labio

¡Este beso! Una cosa tan fragante, tan leve,

de seda, de frescura, mariposa de un labio,

una flor que no es flor, que va, bajo los ojos

negros, cual un lucero de carne y luz, volando…

Algo que huele a sol, a dientes, a puñales,

a estrellas, a rocío, a sangre, a luna… Algo

que es como un agua cálida que se retira, como

el aire de un incendio, errabundo y balsámico…

¿Es el alma que quiere entregarse? ¿Un rubí

del corazón, que abre su sagrario de raso?

¡Un beso! Y las mejillas se tocan y se rozan…

y son nieves que arden… y se encuentran las manos…

(Juan Ramón Jiménez)
Fotografía: Harri Peccinotti.

Como quien pierde un tesoro

ADOLESCENCIA

© Sarah Knobel

En el balcón, un instante
nos quedamos los dos solos.
Desde la dulce mañana
de aquel día, éramos novios.

—El paisaje soñoliento
dormía sus vagos tonos,
bajo el cielo gris y rosa
del crepúsculo de otoño.

Le dije que iba a besarla.
Bajó, serena, los ojos
y me ofreció sus mejillas,
como quien pierde un tesoro.

—Caían las hojas muertas,
en el jardín silencioso,
y en el aire erraba aún
un perfume de heliotropos.

No se atrevía a mirarme:
le dije que éramos novios,
…y las lágrimas rodaron
de sus ojos melancólicos.

Juan Ramón Jiménez, Rimas (1902).